Tutu Alicante

“La esencia de la coerción psicológica consiste en que aquellos que actúan bajo su efecto tienen la impresión de que están actuando por iniciativa propia. La víctima de la manipulación mental no sabe que es víctima. Las rejas de su prisión le son invisibles, y cree que es libre. El hecho de que no es libre, sólo es aparente para los demás. Su esclavitud es estrictamente objetiva.” Aldous Huxley, 1958.

 

Recientemente, mantuve una conversación por chat en Facebook con un amigo mío residente en Malabo.  Mi amigo, regresó a Malabo, después de vivir varios años en España—donde para un inmigrante Africano, la política nacional de inmigración, las condiciones socioeconómicas, y el racismo todavía son asignaturas y capítulos pendientes. No acostumbro a compartir públicamente conversaciones mantenidas en chat—sobre todo, cuando mi interlocutor se encuentra dentro del país. Pero en esta ocasión supuse que como nación podríamos aprender algo de esta conversación. Pensé que esta era una de esas raras ocasiones en que una excepción se podría o debiera justificar. He tomado las medidas posibles para no desvelar la identidad de mi amigo.

Este fue nuestro intercambio (después de los saludos y demás cosas que nos dijimos al abrirla conversación):

Tutu: ¿Como ves la situación?

Mi Amigo: Bien en líneas generales aunque hay que tener también la dosis de paciencia en todos los aspectos.    Al menos he conseguido ya trabajo y voy ya más tranquilo

Tutu: ¿Dónde trabajas? Mi Amigo: En XYZ

Tutu: Pas mal de tout, mon ami (Eso no está nada mal, amigo mío)

Mi Amigo: Yo al menos no me puedo quejar esto es más o menos lo que buscaba y poder situarme lo más rápido posible.  Pues hermano Annobón esta super bonito a su manera. He estado y me ha encantado

Tutu: No me digas. Hay gente que cuenta otra historia

Mi Amigo: Cada cual emite su opinión y la mía es que esta acogedor con muchos cambios positivos pero que se ha de hacer áas si pero no podemos volver a tras

Tutu: Me dicen que gran parte de Palea es posesión privada de los gerentes del país, y que a pesar de las grande infraestructuras (puerto y aeropuerto), falta comida y sobra el alcohol

Mi Amigo: No es verdad.  La gente se ha dormido y no ha entendido que si la ciudad se está ampliando las fincas rusticas se convierten en zonas urbanizables y los listos legalizaron lo suyo y lo han vendido. Falta comida por la sencilla razón de que la gente ya no va a la finca, pero en la casa de mi madre sobra de todo y la gente no va a la pesca pues se ha de importar todo de de Malabo. Si uno cuando se levanta en lugar de ir a su puesto de trabajo prefiere el drinking pues alla él

Tutu: ¡Pero amigo!  ¿Cuál es la política de alimentación y trabajo del gobierno? Y en cuanto a las fincas urbanizables, supongo que se está indemnizando a la gente que está perdiendo su terreno, ¿verdad? No puede ser tan sencillo como que algunos prefieran el drinking, ¿no?  Amigo: Por favor, dame un análisis un poco más complejo.

Mi Amigo: Si tienes la documentación se te paga por ejemplo tengo una finca en Abobo que estoy legalizando y que nadie lo tocará por que podré demostrar que es mía

Tutu: Veo!

Me he visto en la necesidad de compartir esta conversación puesto que me ha llevado a concluir que a pesar de los cuarenta y tres años de independencia que celebramos esta semana en Guinea Ecuatorial, todavía no somos libres los guineanos. Muchos somos todavía, meras herramientas manipulables, explotables, desechables, y sustituibles una vez que se agote nuestra capacidad productiva en la fábrica privada de otros.

La conversación con mi amigo trajo a mi memoria un previo intercambio con otro amigo común de nuestra generación, en la que me exhortaba a regresar a Malabo, argumentado que mi futuro estaba en Guinea. Me preguntaba, entre otras cosas, si me había parado a pensar lo que sería de mi vida si volviera a Guinea; como para insinuar que tendría una mejor calidad de vida que la que actualmente disfruto. También tuve que revisitar otra conversación con un tercer amigo a quien llamé para que nos echara una mano cuando el célebre escritor Guineano, Juan Tomás Ávila Laurel, emprendió una huelga de hambre por motivos por los que todos los guineanos deberíamos estar en perpetuas huelgas. Ese amigo mío me pidió que jamás volviera a llamarle por un tema similar. Me recordó que él trabajaba para el gobierno de una república democrática y que por esa razón no quería que lo volviera a llamar para un tema similar.

Llama la atención que estos amigos míos, con quienes compartí años memorables en Malabo cuando teníamos todos menos canas y más sueños, se han formado en las mejores universidades de Europa y han vivido en sociedades libres y un tanto democráticas, a pesar de las asignaturas y capítulos pendientes a las que hice alusión en el primer párrafo.

Me está costando entender y aceptar este egoísmo moral, el miedo atroz, y la falta de análisis crítico de las que padece mi generación de guineanos. ¿Cómo puede ser que mi amigo y José Paco Man  (internauta en Facebook) estén hablando de la misma realidad sobre Annobón? Sabiendo que soy abogado de derechos humanos y que dirijo una organización no gubernamental de derechos humanos, ¿por qué me aconsejaría un amigo mío regresar a Malabo cuando Juan Tomás Ávila Laurel tuvo que abandonar Malabo tres días después de comenzar la huelga de hambre, porque su vida corría peligro?

La realidad—sin duda—ah de ser más compleja de lo que tanto mi amigo—el de la conversación de arriba—como yo, en este análisis escueto, damos a entender. Pero, las anécdotas que me llegan desde el terreno sobre Annobón, las noticias e informes sobre expropiaciones y desalojos forzosos que EG Justice ha ayudado a elevar ante instancias de la Naciones Unidas, por ejemplo, me hacen pensar que en mis conversaciones con estos amigos míos, nos falta un eslabón esencial o que hay enormes fisuras en nuestras mentalidades que nos empujan a llegar a diferentes conclusiones ante los mismos hechos. Creo que redunda aquí entrar en detalles y hablar sobre el efecto que tiene legalizar terrenos en un país donde no impera el derecho. Y, dejamos para otra ocasión, hablar de la necesidad de que un gobierno tenga y ejecute políticas de empleo y otras políticas sociales importantes que ayuden a evitar el alcoholismo desenfrenado del que sufren los jóvenes en Guinea. Dudo mucho que mi amigo tenga razón al decir que los que se dedican al drinking es porque no quieren ir a trabajar, aunque parece que algo similar ha dicho en más de  una ocasión en sus discursos, el “fundador.”

Tengo que recalcar una vez más que no escribo para poner en evidencia a mis amigos—con quienes espero seguir manteniendo algún tipo de amistad.  Pero sí tengo miedo de que hayamos perdido a una generación entera de guineanos. Espero que me esté equivocando; y en todo caso, espero que mis amigos me perdonen por compartir estas conversaciones con el público lector.

Por supuesto, invito respuestas y todo tipo de crítica razonada hacia lo que aquí planteo.

tutu@egjustice.org